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Por qué tener hijos es el argumento definitivo para utilizar un coche eléctrico

Por qué tener hijos es el argumento definitivo para utilizar un coche eléctrico
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«¿Tienes hijos?» pregunta Arturo Pérez de Lucía, director de la Aedive (Asociación Empresarial para Desarrollo e Impulso del Vehículo eléctrico). Si la respuesta es positiva, «No tendría que decir nada más». Es la frase clave para vender un vehículo eléctrico.

Razones para salir a comprar y volver con un vehículo eléctrico hay muchas. Excusas para no invertir en uno puedes encontrar las que quieras. En la compra lo que de verdad importa es lo que el comprador quiera, ya que acabará optando en base a eso. Cuando el cliente cae en que el vehículo eléctrico es el que tiene en cuenta el futuro, no hay mucho más que decir.

El vehículo eléctrico no emite gases de efecto invernadero

Ni gases de efecto invernadero, ni gases tóxicos, ni ningún tipo de gases o partícula. Sí, es cierto es que un tema trillado en vehículos eléctricos, pero seguirá vigente mientras una gran parte de la población emita 148 g de CO2 por kilómetro recorrido en lugar de cero, como sigue ocurriendo.

Eso sin contar el monóxido de carbono CO, los óxidos de nitrógeno NOx o los hidrocarburos CxHy entre las partículas de efecto invernadero.

Renault ZOE cero emisiones

Los vehículos de combustión actuales, por muchas reducciones en las emisiones que tengan, siguen siendo los causantes del 25% de la emisión de los gases de efecto invernadero del mundo. Estos gases son los que producen el calentamiento global y, en última instancia, provocan un cambio climático que acarreará más problemas de salud más graves que los que ya ocasionan a día de hoy.

Las cerca de 1,28 toneladas de CO2 que produce de media cada vehículo térmico al año no ayudan, y la Agencia Europea del Medio ambiente no deja de recordar los graves problemas de tener una atmósfera en baja salud. El vehículo eléctrico no es un capricho, es una necesidad.

Los vehículos eléctricos emiten en circulación cero gramos de CO2, cero gramos de NOx, cero gramos de CxHy… De ahí que estos estén tan demandados en las smart cities o ciudades inteligentes, especialmente por parte de aquellos ciudadanos más concienciados, con más recursos o más conocimientos respecto de los daños, como es el caso de Ámsterdam.

A diferencia de la combustión, la energía que mueve los vehículos eléctricos proviene cada vez en mayor medida de fuentes renovables un 41,1% en 2016. Que, además, poco a poco se vuelven más asequibles (de 50 euros el vatio en 1980 a caer en 2017 por debajo de los 0,5 euros).

Coste en euros por vatio producido por la energía solar fotovoltaica (PV) a nivel comercial en el mundo. Fuente: ISE Fraunhofer Coste en euros por vatio producido por la energía solar fotovoltaica (PV) a nivel comercial en el mundo. Fuente: ISE Fraunhofer

Ya es más asequible generar energía limpia para los motores eléctricos en molinos de viento que quemar petróleo en mitad de nuestras ciudades. Que, como mencionaba Arturo Pérez de Lucía, no es un panorama que la mayoría de familias quiera donar a sus hijos o nietos. Entonces, ¿por qué se siguen usando vehículos de combustión?

Puntos de recarga y precio del vehículo eléctrico

Superada la barrera de la autonomía al menos para desplazamiento de media distancia, al vehículo eléctrico le sigue quedando pendiente aumentar en uno o dos órdenes de magnitud el número de puntos de recarga rápida y ultrarrápida. Que el conductor se sienta seguro al volante y no piense en cuántos kilómetros le quedan por delante sigue en la mente de muchos de nosotros.

Ya se han superado los 2.000 puntos de recarga, principalmente en las ciudades de alta densidad y en proyectos específicos como fue el Zem2All en Málaga. Poco a poco el mapa se llena de electrolineras y puntos de recarga compartidos. Aunque es una tecnología que lleva su tiempo implantar, veremos cómo año tras año el número de puntos asciende.

El precio del vehículo eléctrico sigue bajando gracias la presión que hacen las economías de escala. El coste marginal (el aumento del coste por cada nueva venta) de la fabricación de los vehículos eléctricos se reduce paulatinamente en el mundo. En otras palabras: cuantos más vehículos eléctricos se vendan en lugar de vehículos de combustión, más asequibles serán estos.

Contaminar es barato porque los costes de hacerlo no están repercutidos

Resumido en una frase: si los costes medioambientales y de salud que generan los vehículos de combustión se añadiesen al precio del coche, solo se comprarían vehículos eléctricos. Incluso con un vehículo de bajas emisiones que genere 100 gCO2/km se liberan a la atmósfera de las ciudades cerca de una tonelada de CO2 anual.

El coste de limpiar esa tonelada de CO2 de la atmósfera para paliar el calentamiento global, tratar las enfermedades pulmonares asociadas o limpiar los ríos de nitratos no se encuentran en el precio del vehículo.

Copia De Madrid Con Boina

De ahí que varias voces hayan llamado la atención hacia una nueva reforma fiscal que penalice realmente a quien contamine, en lugar de a todos los demás. Estas reformas, que países de nuestro entorno como Francia ya implementaron en 2013, pretende ajustar el desequilibrio y la injusticia en el precio entre los distintos tipos de movilidad.

Puede verse en la infografía que el coste medioambiental y energético del vehículo eléctrico ya es muchísimo más competitivo que el del vehículo térmico, incluso teniendo en cuenta las emisiones emitidas al generar electricidad. Sin embargo, los precios en los concesionarios y la fiscalidad no están alineados con esto.

Zoe Electrico Emisiones

En otras palabras, el objetivo es hacer que las externalidades (costes externos o costes ocultos) de contaminar salgan a la luz y sean pagados por aquellos que los ocasionan. Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, aludió a que «nuevas formas de utilizar la tecnología [...] ofrecen la posibilidad de apoyar la regeneración y preservación de entornos naturales, en lugar de crear costos ocultos en forma de externalidades »

Preservar el mundo para generaciones posteriores

Del mismo modo que se habla mucho de que los vehículos eléctricos no liberan CO2, se abusa del término sostenible o sostenibilidad. Muchas veces sin conocer su significado o en entornos de dudosa procedencia.

Un vehículo sostenible es aquel que no limita las posibilidades de la próxima generación, sino que ayuda a varias generaciones a cumplir sus objetivos

Un vehículo sostenible es aquel que no limita las posibilidades de la próxima generación, sino que ayuda a varias generaciones a cumplir sus objetivos. En materia de movilidad, una ciudad sostenible (no es smart city si no es sostenible) es aquella que satisface las necesidades de movilidad de sus ciudadanos sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Sean estas de movilidad o de cualquier otro tipo.

Padre E Hijo

Por eso comentaba Arturo Pérez de Lucía que la mejor estrategia para vender un vehículo eléctrico es preguntar por los hijos de uno. Porque, si los tiene, no tendrá duda de cuál será la mejor opción en movilidad personal que no comprometa el futuro de sus pequeños.

Y continúa:

«Un padre trata de darle a su hijo la mejor formación, las mejores oportunidades… ¿y por qué no darle la oportunidad de que tenga un mundo respirable el día de mañana?»

Ya no hablamos de economía o coste repercutido. Resulta evidente que, en nuestra sociedad, las generaciones futuras ocupan en nuestra mente un espacio importante. En casi todas las ocasiones les ponemos a ellos por delante de nosotros mismos, pero no es así en nuestra movilidad.

Debido al precio del vehículo de combustión por debajo de su coste real al no incluir las externalidades, los objetivos de cuidado familiar y los objetivos económicos están desalineados, y contaminar sale a cuenta (de momento).

Poder disfrutar de una atmósfera limpia es un derecho, y existen pocas alternativas a la contaminante movilidad actual. Una de ella es el motor eléctrico, que tenemos la suerte de tener en un formato comercial y a un coste asequible hoy día. Incluyendo en este coste el ahorro que suponen las ayudas y subvenciones del coche eléctrico, el hecho de que no paguen el SER o la ventajas que tiene un vehículo eléctrico en la ciudad.

El vehículo eléctrico actual, con 300 km de autonomía en prueba NEDC, puede cubrir el 90% de la movilidad particular y el 75% de la empresarial. Ahora es el momento de pararnos a reflexionar, como conductores: ¿qué futuro quiero dejar a costa de mi presente?

Puedes conocer más acerca de la movilidad eléctrica en la publicación especializada de Renault Corriente Eléctrica.

Imágenes | iStock/Artfoliophoto , Renault ZOE, ISE Fraunhofer, Scambelo_delete, Anja

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