Compartir
Contenidos contratados por la marca que se menciona

Los sonidos del silencio, ¿son necesarios?

Los sonidos del silencio, ¿son necesarios?
Guardar
4 Comentarios
Publicidad

SÍGUENOS

\"Logo

\"Logo

Cuando hablamos de los vehículos eléctricos y su respeto por el medio ambiente, rápidamente nos situamos en un escenario limpio de humos nocivos y de emisiones de CO2 en el que respirar al aire libre cuesta un poco menos y causa menos problemas de salud. De hecho, se estima que la contaminación atmosférica mata cada año a unos dos millones de personas, un 53 % más de lo que representa la mortalidad por causas del tráfico.

Sin embargo, hay otro aspecto que no se puede desdeñar: la contaminación acústica que producen los vehículos con motor de combustión interna. En ese sentido, el vehículo eléctrico es completamente limpio ya que no emite los molestos ruidos que rodean el mundo de la combustión. Mientras la OMS recomienda que en entornos de tráfico el nivel máximo de ruido se sitúe en 70 dB, lo cierto es que hay vehículos que superan los 100 dB y están dentro de la legalidad.

El ruido es perjudicial desde un punto de vista sanitario y también en lo social. Malestar, estrés, trastornos del sueño, pérdida de atención, dificultad de comunicación y pérdida de oído son los efectos inmediatos sobre la salud, que dan lugar a trastornos psicofísicos, afeccciones cardiovasculares, retraso escolar, conductas agresivas y dificultad de convivencia, lo que acaba derivando en costes sanitarios y sociales, bajas productividades, siniestralidad laboral y vial, etcétera.

Ruido y sonido no son una misma cosa

Sonido

Con la próxima incorporación de los vehículos eléctricos al panorama de nuestras ciudades, ha surgido la cuestión de la ausencia de ruido como un riesgo vial y se ha propuesto que los vehículos eléctricos emitan un sonido para hacerse oír. En este punto, debemos distinguir entre “ruido” y “sonido”. Si tomamos en consideración lo que nos dice el Diccionario de la RAE sobre el término “sonido”, tenemos esta definición:

sonido.
(Del lat. sonĭtus, por analogía prosódica con ruido, chirrido, rugido, etc.).
1. m. Sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire.

Mientras que si buscamos “ruido”, tenemos esto:

ruido.
(Del lat. rugĭtus).
1. m. Sonido inarticulado, por lo general desagradable.

Así pues, el ruido que genera un motor de explosión no es comparable con el sonido que se podría incorporar a los vehículos eléctricos si así se resuelve por medio de la legislación, y es que a menos de 24 km/h no existe ningún tipo de sonido (ni de ruido) cuando nos desplazamos con un vehículo eléctrico. Por encima de esa velocidad, la fricción de los neumáticos contra el suelo dan una pista auditiva de por dónde viene el vehículo.

El problema, entonces, son las bajas velocidades y los peatones que pueden verse sorprendidos por la presencia de un vehículo con el que no contaban. El campo visual de una persona que va caminando está cerca de los 180º, pero su campo auditivo es de 360º. Por eso, se especula con la posibilidad de establecer leyes que obliguen a que los vehículos eléctricos emitan sonidos cuando circulen a bajas velocidades.

A muchos este planteamiento nos recuerda a las Locomotive Acts, aquel pliego de leyes que se estableció en Reino Unido y que era de obligado cumplimiento para todo conductor, incluyendo automovilistas, cuyo mandato más recordado es aquel que obligaba a los conductores a circular a una velocidad máxima de 6 km/h con un equipo de tres acompañantes que viajasen a pie con uno de ellos portando una bandera roja a 55 metros por delante del vehículo a fin de evitar riesgos para la seguridad de los peatones. Esta disposición estuvo vigente durante 31 años, de 1865 a 1896.

¿Es necesario que un vehículo eléctrico emita sonido?

Renault Fluence ZE

Tomemos este ejemplo que nos cuentan en Green & Energy: la ciudad alemana de Múnich cambia sus trenes viejos y ruidosos por unos que son absolutamente silenciosos. Mientras dura el cambio coexisten ambos trenes, y los viajeros se quejan de que los nuevos son difíciles de intuir, lo que genera un problema de seguridad que no existía con los convoyes antiguos, que por el ruido se les oía llegar. Haciendo caso de las quejas, los maquinistas tocan el claxon al llegar a la estación.

¿Sabéis cuándo acabó este problema de contaminación acústica generado con los toques de claxon? Cuando todos los trenes fueron nuevos, los maquinistas dejaron de emitir sonidos artificiales y no hubo mayor problema porque todos los viajeros habían aprendido ya que los trenes no tenían por qué hacer ruido ni sonido ni nada.

Parece una historia inspirada en el perro de Pavlov, aquel que representa la esencia del conductismo, y de hecho es muy cierto que las personas somos animales de costumbres aquejados de enormes inercias que nos hacen difícil el cambio de hábitos. El ejemplo de Múnich nos sirve para comprender que la situación futura la estamos evaluando bajo el prisma del presente, y así se nos hace impensable un mañana en el que los coches no nos avisen de su presencia con un elemento como el ruido, útil porque se le detecta a 360º, es decir, sin necesidad de girar la cabeza, pero inútil desde el resto de las ópticas.

En Espacio Renault Z.E.

Publicidad

También te puede gustar

Ver más artículos