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La seguridad de los eléctricos ahora y en el futuro

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Hasta ahora nos hemos ocupado de temas tan diversos como la presentación de toda la gama de vehículos de Renault ZE, de la autonomía, los tipos y formas de recarga de las baterías, de dónde encontrar estaciones de recarga (o electrolineras), y muchas cosas más. Hay un elemento esencial en todo vehículo de motor (sea eléctrico o no) que es la seguridad tanto la pasiva como la activa, que es de lo más importante de cara a su uso público.

Para los vehículos eléctricos existen soluciones comunes para seguridad activa, a saber: neumáticos, suspensiones, frenos... y también algún elemento de seguridad pasiva como los cinturones de seguridad, los airbag, etcétera. En realidad, un vehículo eléctrico tiene pocas diferencias con respecto a uno con motor convencional, pero vale la pena repasar cómo son las diferencias y dónde se pone el énfasis a la hora de asegurar que este tipo de vehículo cumpla lo que tiene que cumplir, y qué norma o normas debe seguir al pie de la letra.

¿Para qué sirve una norma en materia de seguridad?

Parece una pregunta trampa, o más bien una pregunta de respuesta obvia. Pero en realidad, una norma en materia de seguridad sirve cubrir el máximo de casos posibles en caso de fallo de los sistemas, en caso de accidente o como simple modo de asegurar la habitabilidad sin riesgos del vehículo en cuestión. Entonces, la norma sirve para tener un marco de diseño de vehículos eléctricos que esté libre de fallos (dentro de lo humanamente alcanzable) y a la vez que permita que los servicios de seguridad y de emergencias sepan a qué se atienen en caso de accidente en la carretera.

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La norma que regula y especifica todo lo especificable es la ISO 6469:2009. Este tipo de normas de calidad ayudan entonces a tener claro el dónde y el cómo de todos los sistemas que integra un eléctrico. La norma es general (¡qué sería de nosotros con normas específicas para todos los casos del mundo!) e incluye otro tipo de vehículos, pero nos vamos a centrar en "los nuestros". Para tener la certeza de que la batería a bordo cumple con los estándares de seguridad habidos y por haber, la norma dice que:

  • debe conocerse la resistencia de aislamiento de la batería
  • deben conocerse los valores de emisiones de gases peligrosos para impedir la explosión, incendio o toxicidad
  • debe conocerse el grado de generación de calor de la batería
  • debe superarse un crash-test con el fin de evaluar la protección de los ocupantes o de terceros, así como la protección contra un eventual cortocircuito
  • las baterías de los vehículos de clase B (coches) de tensión eléctrica deberán estar marcados con un símbolo específico descrito en la norma, y fácilmente visible e identificable

La segunda parte de la norma especifica los requisitos operacionales, es decir los medios de seguridad que hay que cumplir a la hora de que el vehículo circule por las ciudades y las carreteras, y la protección contra fallos. Entre otras cosas se encarga de definir:

  • la seguridad operativa en relación con el sistema de propulsión, la conducción, el estacionamiento, y la compatibilidad electromagnética de los vehículos eléctricos
  • la protección contra fallos, cualquiera que sea el que se produzca
  • el marcado de las diferentes partes del vehículo, en especial las que tienen que ver con el funcionamiento eléctrico
  • los elementos que entran dentro del supuesto de una respuesta de emergencia

En resumen, el esfuerzo se está poniendo en asegurar que, aparte de la seguridad en sí misma ante un impacto (seguridad del habitáculo), todos los elementos eléctricos del vehículo estén dentro de unos márgenes más que suficientes que garanticen la integridad de los ocupantes y también que faciliten las tareas de rescate en situaciones de emergencia, minimizando cualquier riesgo posible como un cortocircuito (que puede dar lugar a un incendio). Todo este esfuerzo, plasmado en normas que suelen ser farragosas, es clave en el desarrollo de los vehículos eléctricos que, por supuesto, salen al mercado cumpliendo hasta el más mínimo detalle de las especificaciones que pueda haber a día de hoy, y también en el futuro.

Como vemos, el proceso para llegar donde estamos ha sido largo y continuo para llegar a un punto en donde podemos disfrutar de la conducción de los eléctricos con toda seguridad. El camino que sigue también es largo, pero por lo menos podemos asegurar que la base de la que se parte es suficientemente prometedora.

En Espacio Renault Z.E.

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