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Conduciendo un eléctrico: qué podemos hacer en las cuestas para gastar menos

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Conducir un eléctrico no es nada del otro mundo, al menos en cuanto a preparación previa o habilidades especiales. Es decir, conducir un vehículo eléctrico es simplemente conducir disfrutando de ese mero hecho. Es más eficiente en el consumo energético y, tal y como estás pensando, hay ciertas técnicas para conseguir maximizar esa eficiencia, o bien minimizar el consumo energético.

Hablar de conducción eficiente puede poner en alerta a muchos conductores, pero con cada kilómetro que recorro por la geografía española estoy más convencido de que lo normal es conducir de esta forma: intentando gastar la menor cantidad de energía posible cumpliendo con los tiempos y ritmos que nos hemos fijado. Por ejemplo, seguro que gastamos menos a 80 km/h que a 120 km/h, pero estaremos tardando un 50% más de tiempo. Sin embargo, manteniendo medias similares podemos recorrer la misma distancia consumiendo significativamente. Y en eléctricos, por supuesto, también.

Practicar la conducción eficiente no es lo mismo que conducir mejor. Tiene que ver más con cómo dosificamos la potencia, el acelerador, los frenos... cómo nos adaptamos a las circunstancias de la carretera, el tiempo atmosférico y más factores para conseguir el máximo beneficio (distancia recorrida) en el mínimo tiempo y con el mínimo gasto energético. En realidad es una forma de conducir apasionante.

Aprovechando las irregularidades del terreno al conducir un eléctrico

Aprovechar las irregularidades del terreno con un vehículo eléctrico es lo mismo que pedalear con nuestra bicicleta por terrenos con altos y bajos. Cuando pedaleamos aprovechamos las cuestas abajo para descansar y reponer fuerzas. Podemos pedalear más suavemente para no perder "tono" en las piernas, pero realmente no imprimimos fuerza ni propulsión a la bicicleta: ya lo hace la cuesta abajo por nosotros. Incluso activamos levemente los frenos para no "lanzarnos" excesivamente.

Renault Twizy

Con un eléctrico es prácticamente lo mismo: la cuesta abajo nos permite dejar de pisar el acelerador, o bien pisarlo muy levemente, lo justo como para que no se pierda velocidad. En ese momento entra en juego todo el sistema de recuperación de energía que contribuye a recargar parcialmente las baterías. Incluso si pisamos levemente los frenos para no lanzarnos demasiado rápido, estaremos gastando cero energía, y aún encima recuperando más. Así, aprovechamos las cuestas abajo para alargar la autonomía de nuestro vehículo, pero principalmente lo que hacemos es no gastar energía inútilmente.

¿Qué pasa con las cuestas arriba?

Las cuestas arriba son el gran reto de la conducción. De la eficiente y de la que no lo es. Pero la conducción de vehículos eléctricos es naturalmente eficiente. Pensemos una cosa: ¿qué buscamos? Que la batería nos dure más, casi seguro. Si buscamos recorrer una distancia en el menor tiempo posible (porque tenemos prisa o algo urgente que hacer), no tenemos por qué ahorrar batería y podremos pisar con decisión.

Pero en condiciones normales, pensemos en nuestra bicicleta y una cuesta arriba: ¿cómo la afrontamos? ¿Emulando a Contador o bien dosificando nuestras fuerzas pensando en que, tras la cuesta, tenemos camino todavía? Ya os podéis imaginar cómo se puede ahorrar energía conduciendo un eléctrico en cuesta arriba. Aquí de lo que se trata es de llegar arriba sin circular por debajo de la velocidad mínima de la vía (algo sancionable), pero de forma que el consumo de energía sea mínimo.

Twizy

Conducir a punta de gas en una cuesta arriba es complicado, es muy fácil que nos quedamos sin fuerza y vayamos "frenando" por el simple hecho de que la potencia no llega. Entonces, a veces, pisamos el pedal a fondo para recuperar. Esto es un grave error porque simplemente multiplica la demanda de energía y estamos trabajando en contra de nuestras intenciones iniciales.

El truco es sencillo: piensa en la bicicleta. Antes de una cuesta arriba coges velocidad en el llano, que demanda menos energía, y afrontas la subida intentando mantener la velocidad, pero sin castigar las piernas: no la quieres mantener a toda costa. En el eléctrico es lo mismo. Cogemos velocidad en el llano y regulamos el pedal de acelerador en plena subida para mantener el máximo tiempo posible la velocidad de entrada. Sin apretar más de lo necesario, experimentaremos pérdida de velocidad, pero será gradual y llegaremos arriba con cierta velocidad, y habiendo minimizado el gasto de energía.

Está claro que requiere más práctica la parte de subida que la de bajada, pero no desesperes: basta con conocer la carretera, conocer bien la respuesta de tu vehículo eléctrico y encontrar el compromiso entre velocidad, demanda del pedal de acelerador, y la velocidad a la que lleguemos a la cima. En bicicleta sabemos hacerlo, así que imposible no es, ¿verdad?

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