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Nissan Leaf

Un buen día apareció el vehículo de combustión interna (o a motor), pero no se movía con ciencia infusa. Necesitaba gasolina o bencina, líquidos difíciles de encontrar en grandes cantidades a finales del siglo XIX. Con el tiempo eso cambió, y ahora tenemos gasolineras en gran cantidad, otra cosa es que compitan…

En realidad, ya existía el coche eléctrico antes, pero tenían un problema similar. La energía no estaba en cualquier parte, y no había apenas puntos de recarga. La misma situación se da hoy día, pasado más de un centenar de años (se dice pronto). Al vehículo eléctrico le va a costar despegar aún.

Aunque el típico uso del coche eléctrico va a ser partiendo del hogar, con un garaje particular/colectivo con enchufe, es necesaria una red que dé libertad a los usuarios. Que no sea todo ir de casa al trabajo, gimnasio, colegios o centros comerciales. Para ello hay que crear una infraestructura pero, ¿quién ha de pagarlo?

Chevrolet Volt

1. Que paguen los dueños de vehículos eléctricos

Actualmente los pioneros en esto de la electromovilidad están pagando un notable peaje. Como es una tecnología cara y que no se produce aún de forma masiva, sufren de un precio más elevado. Es lo que tiene ser un early adopter (asi lo llaman en el mundo empresarial) o un adelantado a su tiempo.

Al ser superior el precio de adquisición, también lo es el de los impuestos, especialmente los que gravan el consumo, caso del IVA. Si ya hay pocos particulares dispuestos a dar el paso, lo último que se quiere es espantarlos, y eso nos lleva a la concesión de ayudas o ventajas para los que se atrevan.

Estos nuevos clientes ven cómo la infraestructura es pobre en implantación, aunque sea gratuita en muchos casos, no es cómoda. Hacen falta una serie de tarjetas, que el punto de recarga esté abierto u operativo, o simplemente que el encargado de turno sepa de qué le estamos hablando.

Volkswagen Golf E

2. Que paguen los dueños de vehículos normales

El automovilista, dependiendo del país, está más frito menos a impuestos. En nuestro país, como en otros países europeos, se paga al comprar el coche, al mantenerlo, al repostarlo, cada año, al matricularlo… Solo falta que se inyecte un impuesto más para terminar con nuestra paciencia.

Cierto es que el automovilista “convencional” está contribuyendo a la contaminación, pero no por ello se le ha de castigar. Más de uno daría el salto de poder permitírselo, pero no es todavía el eléctrico una alternativa masiva y accesible. Así que, a falta de pan, buenas son las tortas.

El conductor de vehículo eléctrico también paga muchos impuestos, pero generalmente paga menos que sus vecinos. Lo más normal es que todos los impuestos que pague sean simplemente IVA, ya que casi todo lo demás está bonificado total o parcialmente. Ya que se ha animado a dar el paso…

Citroën C-Zero

3. Que paguen las empresas eléctricas

Otra corriente dice que los primeros interesados en hacer el negocio del los eléctricos son las empresas energéticas. Lógico puede parecer que, si tanto interés tienen, que lo paguen de su bolsillo y dejen al contribuyente tranquilo. Pero eso es una trampa, pues ¿quién sostiene a las eléctricas?

Premio, sus clientes. Son esos clientes los que van a soportar la carga, y como hablamos de un servicio sin el que prácticamente nadie se apaña, implica que pagaría todo el mundo. Será un negocio, pero hoy día no es muy provechoso, sobre todo si los primeros puntos de la red se ofrecen gratis por aquello de incentivar las altas.

Además, el negocio para las eléctricas no es tanto por vender electricidad, sino por obtener rentabilidad de la electricidad que no se está consumiendo por las noches o en zonas valle. Recordemos que tenemos el sistema energético dimensionado para el día, cuando la gente suele estar despierta y activa.

Renautl ZOE

4. Que paguen todos

Si analizamos el vehículo eléctrico como algo potencialmente beneficioso para toda la comunidad, resulta más lógico pensar que paguen los que se vayan a beneficiar de la infraestructura, y los que no se beneficien (al menos de forma directa). Seguramente acabarán beneficiándose en algún momento.

Hay mucha gente que no cree en el eléctrico y que vaticina su fracaso. De hecho, ya han fracasado dos veces. La primera fue en los años 20, cuando fueron eclipsados por los coches convencionales de producción en masa. La segunda vez fue hace 10 años, cuando casi se les hace desaparecer… hasta que el petróleo subió demasiado.

¿Por qué ha de pagar esa gente por algo que no quiere ni usará? Buena pregunta. Pero, ¿y si se acaban beneficiando de ello? Un vistazo a nuestro alrededor nos revelará cosas por las que nunca habríamos pagado pero que, sin ellas, no podríamos tener nuestro modus vivendi.

Citroën AX Electrique

La infraestructura vendrá, de una forma o de otra

Recientemente se aprobó en la Unión Europea una reglamentación que obliga a los miembros a tener una red eléctrica para vehículos en condiciones. España, concretamente, debe multiplicar sus puntos de recarga por 60 y llegar a 82.000 en menos de siete años. Se calcula —con mucha fe— que habrá 2,5 millones de eléctricos circulando en 2020.

A nivel eupopeo, los ciudadanos son proclives a que la mayoría de los costes los soporte la sociedad en su conjunto, después los conductores de eléctrico, seguidos de los de los vehículos convencionales, con una menor fracción de aportación de las empresas energéticas. Eso es lo se que dice en un estudio reciente.

Diría que la carga se la están repartiendo ahora las administraciones públicas (la sociedad, en resumen) y las empresas energéticas. La carga impositiva a los conductores no ha variado con cargo a esta excusa, sino por motivos más variopintos: que si la sanidad, que si el déficit, que si ecotasas…

Fiat 500e

En mi opinión, debería estar sufragado por la sociedad, de forma pública, más que por iniciativa privada. Mi argumento se basa en los múltiples beneficios sociales: menor contaminación (incluyendo la acústica), balanza de pagos más equilibrada, diversidad energética, sostenibilidad y demás palabras que suenan muy bien.

Si le echamos la soga al cuello a los automovilistas, no seríamos justos. Con los impuestos que estamos aportando, sufragamos de sobra el impacto económico de la circulación por carretera, por no mencionar el retorno que tiene. Es decir, los euros que entran por los que salen, no es solamente un gasto.

Es más, la infraestructura eléctrica, más que un gasto, es una inversión, porque hay que pensar en los beneficios que va a traer, en el plano económico, de salud, de balanza de pagos o de otra índole. Lo mismo podríamos decir de las subvenciones que se están dando para desplegar los vehículos eléctricos.

Tesla Model S

“El que quiera un coche eléctrico, que se lo pague”

Una de las formas de los gobiernos de animar a los nuevos compradores es aliviarles de parte del precio de adquisición. Dependiendo del lugar, la ayuda podía llegar a ser muy cuantiosa, en algunos países se han dado 10.000 euros a turismos, una rebaja notable del precio final.

El problema del eléctrico es un tema de costes y de autonomía. Si se sopesa el tema de la autonomía, queda ver en qué punto es rentable. La electricidad, barata, el mantenimiento, menor… pero hay que amortizar un elevado coste de adquisición. Harán falta muchos kilómetros para llegar al equilibrio financiero.

Las ayudas recortan notablemente esos plazos. Ahora mismo en España, si obviamos el PIVE, apenas hay ayudas. Es normal, de todas las necesidades que tiene la gente, este sector es claramente prescindible a corto plazo. La implantación se retrasa, pero tampoco se abandona. Simplemente va más despacio.

Nissan Leaf

Seguro que nos replantearíamos la idoneidad del tema del vehículo de combustión interna si solo hubiese un par de gasolineras por población, y solo en lugares densamente poblados. Ni sería cómodo, ni sería práctico. Pues en esa situación se encuentra el eléctrico, solo que algunos lo pueden cargar al menos en casa o el trabajo.

Poco a poco, los eléctricos se van abaratando, la tecnología madura y los costes van menguando. Además, la infraestructura está creciendo, y empieza a aumentar el parque a buen ritmo porcentualmente hablando. En términos absolutos son minoritarios, pero es un cambio muy progresivo.

Mal momento han “elegido” los eléctricos para levantar la cabeza, en plena crisis financiera mundial. Al igual que el frenazo de antes de 2004, esto solo está retrasando lo inevitable. El petróleo tiene que ser reemplazado por alternativas, a falta de una alternativa que sea igual de “buena” al 100%.

Citroën C1 eléctrico

Cosas más absurdas se han visto, como tener Internet rápida en cualquier sitio gracias a los móviles, o determinar la posición en el globo con una precisión de pocos metros (GPS). Si no encontramos alternativas al petróleo en poco tiempo, nuestra civilización caminará hacia un colapso seguro.

Nos guste o no, el vehículo eléctrico es más que un capricho pasajero o un juguete snob, es una necesidad real de las zonas densamente pobladas. El tren ya se dio cuenta de ello hace tiempo, aunque juega con ventaja: solo hay que electrificar las vías, una red mucho menos extensa en kilómetros que las carreteras y calles.

En el pasado, no se pudo competir con el motor de combustión interna. Según vaya perdiendo su competitividad, el eléctrico retomará el protagonismo que siempre debería haber tenido, pero que la Historia retrasó unos cuantos años por A o por B.

En Motorpasión | El 37 % de los españoles pagaría las infraestructuras del coche eléctrico con impuestos

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