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Ford Model A (1903)

Más de 100 años de coches y el volante sigue ahí (Ford Model A de 1903)

Como casi seguro sabréis esta semana hemos abierto un debate sobre la conducción autónoma con múltiples reflexiones desde diferentes puntos de vista: con respecto a lo ético, con respecto a lo emotivo (el placer de conducir), desde la responsabilidad, sobre sus posibles efectos económicos y pensando en la seguridad.

El comentario de uno de los lectores de Xataka me ha dado pie a seguir reflexionando un poco más sobre los coches autónomos. Teóricamente con un coche autónomo que se conduce completamente solo, el conductor como tal deja de ser necesario y en consecuencia se debería replantear el diseño de los automóviles tal y como los conocemos hoy en día. Pero, ¿realmente la conducción autónoma cambiará el diseño de los coches?

Renault Avantime (2002)

¿Cómo podría cambiar el diseño de un coche?

Dando por buena la premisa de que el conductor ya no sería necesario, y que pasaría a ser un pasajero más, es cierto que el diseño interior de un automóvil podría cambiar drásticamente. Desde un diseño de tipo cabina donde hay un puesto de conducción, podríamos evolucionar a un diseño tipo contenedor, parecido a una sala de estar, donde simplemente tendríamos que preocuparnos por la comodidad y seguridad de los pasajeros.

Podemos imaginar un interior mucho más simétrico y homogéneo, sin puesto de conducción, sin volante, sin palanca de cambios, sin pedales, sin cuadro de instrumentos, sin espejo retrovisor interior, y con un salpicadero muy reducido y simplificado que simplemente sería un soporte para los sistemas de entretenimiento, comunicación y climatización. Pero se podría simplificar tanto que podría concentrarse todo en una simple pantalla táctil, una tableta que nos permite múltiples funciones.

Tendríamos un interior más espacioso donde no sería necesario un túnel central. El suelo podría ser contínuo y plano y los asientos delanteros podrían tener aún más movilidad, por ejemplo pudiendo abatirse, plegarse o girarse hacia atrás para configurar un interior en el que unos pasajeros miran a los otros para ir charlando o jugando a algo.

Exteriormente algunas cosas también cambiarían, por ejemplo los espejos retrovisores ya no serían necesarios. Muy probablemente se popularizarían los sistemas de apertura que dejasen todo el lateral abierto, sin pilar B intermedio, que hiciesen más fácil subir y bajarse del coche, tanto delante como detrás, con el asiento girado o sin girar.

¿Cabría pensar en más cambios? El conductor no necesitaría ver la carretera, cierto, pero aún así las superficies acristaladas se mantendrían porque al ser humano le gusta mirar y le gusta tener luz natural. Del mismo modo tampoco debería haber cambios drásticos en la forma y estructura de un coche, pues criterios como tener espacio para el motor, tener espacio para el equipaje, la habitabilidad interior y la aerodinámica no cambiarían por el simple hecho de que el coche se conduzca solo.

Coches autónomos (visión en los años 60)

Todo está muy bien pero, ¿acaso las “máquinas” no fallan?

En efecto el diseño del coche podría ser muy diferente, pero, ¿y si resulta que el conductor sí es necesario? Se suele decir que las máquinas son infalibles, que siempre hacen exactamente igual la tarea para la que están programadas y que no cometen errores. Y es cierto, pero hasta cierto punto, porque resulta que las máquinas también fallan.

Y fallan porque es inevitable que la hagan, primero porque han sido fabricadas o programadas por humanos, y estos han podido cometer un error (sí un error humano, ese del que pensábamos deshacernos con un coche autónomo), y segundo porque todo componente mecánico o electrónico tiene una determinada vida útil y más tarde o más temprano se averiará.

¿Qué pasaría entonces ese día que se hiciera patente un bug en la programación del software que hace que el coche se conduzca? ¿Qué pasaría el día que se fundiera ese relé o ese fusible del que depende tal sensor o tal sistema de conducción autónoma? Pues que la máquina infalible que no comete errores falla, y el fallo podría ser nefasto.

Y es entonces en ese momento cuando la figura de un supervisor debería actuar, la figura de “algo” o mejor dicho alguien, capaz de improvisar y reaccionar ante algo inesperado: la figura del humano, la figura del conductor, que tomaría en ese momento el control del vehículo para mantener todo bajo control.

Pero, si hemos cambiado el diseño del coche, si ya no hay volante, ni pedal del freno, ni nada con qué controlar el coche, es imposible que pueda hacerlo. No podemos por tanto pensar en un cambio tan radical en el diseño del coche.

Renault Frendzy vista superior

¿Quién tiene la responsabilidad en la conducción?

Aquí conviene pensar en qué se ha hecho ya en otros ámbitos, o qué se está planteando en los actuales proyectos de conducción autónoma.

  • En aviación el sistema de vuelo autónomo o piloto automático existe desde hace tiempo, y según lo moderno y sofisticado del avión muchas tareas son gobernadas por el computador del avión, ahora bien, no se ha prescindido de los pilotos, sobre todo porque estos siguen teniendo la responsabilidad sobre el vuelo del avión, y porque se sabe que los sistemas automáticos, al menos con la tecnología que tenemos hoy en día, y por muy avanza que esta sea, pueden fallar, y ahí es cuando tiene que actuar el piloto sí o sí.
  • Trenes automáticos sin conductor, utilizados por ejemplo en varios servicios de metro en diferentes países del mundo, incluso en España, en alguna línea del metro de Barcelona, pero que siguen llevando un conductor o un técnico de operaciones para poder hacer frente a situaciones inesperadas o a averías.
  • En las propuestas de piloto automático y coche autónomo que conocemos, como los trenes de carretera de Volvo, el piloto automático temporal de Volkswagen, o el coche completamente autónomo (por citar algunos), se sigue considerando que la responsabilidad de la conducción es del conductor. Este tiene que seguir estando “al volante”, aunque pueda ir relajado y no conduzca realmente en ese momento, y si no hay un conductor hay un humano supervisando la tarea, atento a un ordenador, y preparado para actuar en cualquier momento si es preciso.

A mí me gusta explicarlo de una manera creo que muy clara y sencilla: esto es como pensar en un coche de autoescuela que está siendo conducido por alguien que está aprendiendo a conducir. Claro que el alumno maneja el coche, pero resulta que la responsabilidad de la conducción es del profesor, y precisamente por eso un coche de autoescuela tiene que tener un segundo juego de pedales en la plaza del acompañante, para que si es necesario el profesor eche mano al volante y utilice los pedales.

Volkswagen HAVEit Piloto automático temporal

Si el sistema falla puede tener medidas de seguridad de emergencia

A esta altura de la reflexión que os planteo es probable que algunos de vosotros estéis pensando que la tecnología hoy en día ya prevée los fallos y que para eso se colocarían sistemas de detección de fallos, sistemas redundantes para que en caso de fallo de un componente entre en funcionamiento otro componente de repuesto, o que cuando todo vaya mal se active un protocolo de seguridad que detenga el coche de manera segura.

Pues tengo que responder que sí, pero aún así seguiría siendo necesario un humano.

Voy a permitirme la licencia de hacer una comparación salvando la enorme distancia que hay entre ambas cosas: la energía nuclear. Probablemente una central nuclear sea uno de los “edificios-máquina” más sofisticados y con más sistemas de control, seguridad y contención que el hombre construye, están preparadas para responder ante multitud de riesgos, fallos, averías e imprevistos. Y sin embargo en la historia reciente (en los últimos 30 años) hemos tenido dos lecciones acerca de las “máquinas” que creíamos infalibles y al final no lo eran.

En el accidente nuclear de Chernóbil de 1986, la maquinaria y robots controlados a distancia para realizar tareas de limpieza de los restos de la central destruida fallaron a los pocos días a causa de la radiactividad. Miles de seres humanos tuvieron que hacer los trabajos de limpieza porque ninguna máquina era capaz de hacerlos.

En el más reciente accidente nuclear de Fukushima de 2011, la central nuclear es incapaz de evitar el accidente, a pesar de todas las medidas de seguridad, porque el maremoto que la golpeó y causó graves daños era mayor que cualquiera de las posibles amenazas para las que se había diseñado y previsto.

El ser humano es imperfecto, comete errores, se distrae, se duerme o sufre enfermedades, pero tiene algo que una máquina aún no tiene: capacidad de improvisación, creatividad y coraje. Claro que no todos los seres humanos son capaces de reaccionar igual ante una adversidad, pero algunos son capaces de hacerlo y sobreponerse a todo: de hacer lo que hay que hacer porque no hay otra opción y de reaccionar instintivamente.

Es por eso que mantengo que aún con coches autónomos que se conduzcan solos y estén provistos de diferentes sistemas “antifallos”, el conductor sigue siendo necesario, sigue siendo el responsable de la conducción, y el diseño de los coches no podrá prescindir de elementos como el volante.

Aún así, lo que pase en el futuro con los coches autónomos dentro de 25 o 50 años solo el tiempo nos lo dirá. Yo por ahora estoy dispuesto a que lleguen los coches autónomos, pero iría más tranquilo si además siguen llevando un conductor.

Acura NSX 2013

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